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Los indultos los carga el diablo

Toni García-Pérez

Octubre más otoñal que nunca, como si una época llegase a su fin, en una Cataluña donde políticos con mando y plaza descubrirán cualquier día que su propia trayectoria describe la servidumbre atávica de charnegos reclutados como personal de servicio para una república xenófoba de evasores fiscales. Una Cataluña preñada de tontos útiles al servicio del señorito. Como hicieron sus padres, como hicieron sus abuelos y como…

Una Cataluña donde aprendices de político intuyen ansiosos que van a tocar por fin el pelo del poder. Políticos que presiden sin ser presidentes esperando alcanzar el estrellato soñado. Pero antes deben convencer a los suyos de dejar de pactar con los de siempre y de que ellos siguen con la misma hoja de ruta, que la meta se debe alejar, pero allí está, alcanzable. No hoy pero sí pronto.

ERC se separa del amasijo de siglas en que se ha convertido parte del secesionismo catalán. Se convierten en estadistas negociando los Presupuestos Generales del Estado para poder lograr, por fin, la presidencia catalana. Y a cambio guiños del PSOE para explicar a los suyos (a los que les votan y a los que deberían votarles) que su estrategia es la buena, la pragmática, la real. Promesas de indultos que no son baladís, ministros como Castells criticando inhabilitaciones, entrevistas en TVE al fugado Puigdemont. Gestos para los suyos que deben acabar en voto útil para poder hacer realidad un «Nou Tripartit», pero eso sí, ahora cambiando el vértice, estando ERC arriba y PSC y comunes de muletas. Blanqueando el «secesionismo de baja graduación», como si eso fuera posible.

Lo que olvidan los estrategas de salón es que los obreros no sólo tienen clase, sino también nación y que quieren un Estado social de derecho consistente en un espacio jurídicamente seguro, para garantizar la redistribución fiscal de la riqueza que dé una oportunidad a los que menos tienen. Un castillo de naipes que puede caer por unos indultos que carga el diablo.

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