La izquierda actual en España. Y en Europa

Por Francisco Frutos Gras.

Nada más lejos de mis intenciones hablar de la izquierda actual como un desastre en comparación con la izquierda de siempre, o de un reciente antaño. En la izquierda de antaño había de todo, virtudes y defectos, aciertos y errores, éxitos parciales y fracasos sonados. Y, seguramente, uno de los defectos más importantes, causante de grandes fracasos, era el voluntarismo subjetivo con el que convertíamos cualquier movimiento social o estado de ánimo colectivo ante las perversidades del sistema, en el inicio de la revolución, que finalmente asomaba por la esquina.

Se trata, pues, de descartar totalmente dos tipos de análisis y conclusiones que conducen al fracaso de las ideas, del pensamiento, de la razón y de las propuestas de la izquierda frente a la realidad de las políticas de las derechas. Y, sobre todo, de la venta que estas hacen de sí mismas, desinformando, manipulando, creando “realidades” tan falsas como las mentiras que publicitan ante la credibilidad de “masas” amorfas engañadas..

Se trata, por un lado, de descartar el optimismo “revolucionario” sin ninguna base real sólida; y también la claudicación moral, ideológica, política y social, por el otro. A partir de ahí, veamos un poco más de cerca lo que, a mi entender y en el de mucha gente preocupada por el asunto, ocurre.

La izquierda clásica, tanto la socialdemócrata reformista como la calificada de alternativa y revolucionaria, han perdido los papeles, los propios de cada una, y han dejado de ser referentes de izquierda para muchos antiguos militantes, simpatizantes, votantes y seguidores.

La socialdemocracia hace mucho que inició un largo proceso que la ha conducido al social liberalismo, a la aceptación del capitalismo, incluso el neoliberal, con todas sus lacras de saqueo económico, belicismo, armamentismo, y guerra. Con sólo mirar su trayectoria después de la Segunda Guerra podemos constatarlo, sin necesidad de remontarnos a su papel en la Primera Gran Guerra de 1914-18.

La izquierda “alternativa”, o revolucionaria”, sigue el mismo camino, aunque mantiene una retórica “revolucionaria”. Y como es esta izquierda la que me interesa porque ha sido la mía durante un largo período, cargando con todas las contradicciones que he vivido y contribuido a crear en ella, paso a analizar lo que es a mi entender su situación actual. Pérdida de lo que fueron sus principios y valores fundamentales a lo largo de la historia: La igualdad, la libertad, la fraternidad, el internacionalismo y la acción permanente contra la guerra y por la paz. O sea, lo que podemos identificar como un claro sentido de clase, universalista y socialista, como referente central de su pensamiento y acción.

Me parece obvio que tanto  la izquierda europea como la española han perdido por el camino gran parte de su bagaje moral, ideológico y político. Voy a centrarme en la izquierda española para no dispersar el análisis y la opinión.

La izquierda socialdemócrata ha seguido los pasos de sus homónimas europeas, siendo en España una especie de referente del “progresismo” modernista y posmoderno, teniendo en cuenta más los fenómenos colaterales de la realidad, que no los vinculados a la propiedad de los medios de producción y servicios y a la economía, a la paz y convivencia entre los pueblos. Ha aceptado, potenciado y defendido con fuerza la OTAN, las bases militares extranjeras de EEUU y las llamadas “intervenciones humanitarias y por los Derechos Humanos”, en Yugoslavia, Afganistán, Libia, Siria…, sin plantear nunca un sistema de seguridad internacional de paz, desarme y convivencia, basado, organizado y controlado por la ONU.

La izquierda española, la reformista y la “alternativa” han establecido una confusión interesada entre España y el franquismo, no atreviéndose a disputar a la derecha el concepto de España, con toda su trayectoria histórica, incluida la de la Primera y Segunda Repúblicas,  y con la perspectiva republicana y el horizonte socialista. Toda la izquierda española, y en especial la catalana, ha dado, y da, al nacionalismo, un aire de progreso y de democracia. Un nacionalismo, que, como el anterior nacionalismo franquista y centralista, es y será siempre una ideología burguesa, de derechas, reaccionaria, que enfrenta a los trabajadores, favorece al capital y genera diferencias entre iguales, que alimenta el sectarismo y la xenofobia e impone una identidad totalitaria y racista.

No hay opción política en España al derecho de autodeterminación, no existe. Es una falsedad que falsea y confunde la realidad en toda España y ha creado entre los catalanes un grave nivel de tensión y enfrentamiento, en el cual la teórica “izquierda alternativa” se ha aliado con la secesionista o les ha bailado el agua, con “el dret a decidir” y otras zarandajas parecidas. Y se lo continúa bailando.

No puede haber otra alternativa que la de construir una opción de izquierdas en toda España, una opción plural, unida, coordinada y libremente disciplinada en torno a unos valores y principios. Una propuesta que haga confluir realmente a todas las personas y grupos que siendo comunistas y/o de izquierdas, se sienten, nos sentimos, huérfanos de organización, teniendo claros los objetivos a los que deseamos llegar, por difíciles que sean.

En Madrid, en Catalunya y en otros sitios se está trabajando en ello. Es necesario unir y coordinar los esfuerzos, sin precipitaciones y sin pausas.

Por Francisco Frutos Gras fue Secretario general del PCE

Crónica Popular. 14 de julio de 2018

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